viernes, 2 de octubre de 2015

sábado, 13 de julio de 2013

Cuando la normalidad deja de ser rutina.


Es raro sentirse tan apartada de algo que puedes tocar todos los días, de la gente que saludas, de la que te despides, de la que está tu lado o de la que está más lejos de lo que desearías. Es triste sentirse sola rodeada de tanta gente, sentir que mientras pasan los días, no tienes a nadie a quien le puedas contar las pequeñas cosas que te hacen sentir salir de esos pensamientos en los que te sumerges, esos en los que te ocultas por demasiadas razones que nadie nunca comprendería; y eso es lo que me mata, que nadie entiende lo que puede pasar por mi cabeza.
Los días me hacen sentir bien. Más bien, me hacen sentir algo; siento el viento fuerte que me arrastra o las pequeñas brisas de verano que me alivian del permanente sol que ilumina los cielos, sin embargo, a veces extraño los fríos días de invierno, los tempranos atardeceres y las oscuras y prematuras noches, y quizás ses ese mi problema, que prefiero la noche.
Las noches me hacen más sensibles a todo, o quizás es que estoy acostumbrada a no ocultar lo que siento durante ese pequeño intervalo de tiempo en el que casi no se me puede ver. En la oscuridad nadie puede ver mis complejos, ni mis debilidades, ni los defectos que tanto intento ocultar; en la oscuridad solo estoy yo y, por raro que parezca, no me siento tan sola como durante los días. Cuando estoy sola, siento que nadie puede hacerme sentir poca cosa, siento que soy un poquito especial que soy la primera opción, que soy la única en algo, siento que nadie puede hacerme daño, pero, no sé cómo, me acabo haciendo daño yo misma de la manera más patética y estúpida, pero a la vez dolorosa.
A veces siento como si no me quedara nada, empeño en dar lo mejor de mí, pero se ve que nunca es suficiente, nada referido a mí es suficiente y me siento inútil por eso, siento que nunca podré hacer a alguien feliz. Me aterroriza que la gente se vaya de mi lado, que me abandone y me deje atrás, nunca he sido buena olvidando, pero se ve que la gente sabe hacerlo bastante bien, o por lo menos conmigo. Sé que no soy gran cosa, no soy alguien divertida, ni sé mucho sobre nada, ni siquiera sé mucho sobre mí misma, pero algo que sé es que me gustaría sentirme alguien por una vez. Y quizás en pequeños momentos lo he sentido, en esos momentos en las que dos personas se quieren, o por lo menos así lo pintan en las historias de los libros y las películas que tanto me empeño en ver, pero no, ni mucho menos es ese mi caso, el mío es algo más... ¿trágico? Todas mis relaciones se basan en gente que me utiliza y, cuando tienen  lo que quieren, me abandonan. Pero, oh, por dios, no seamos tan dramáticos. Supongo que me lo merezco por tonta. Y por otra parte por rara, soy alguien difícil, soy algo inestable, soy... algo raro de querer, pero eso es culpa mía, como todo lo que me pasa, y es por eso que me siento tan 'error' de todo.
Mi casa es un auténtico desastre (no solo por mi habitación), padres con adicciones legales que no paran de pelear, una madre que jamás me ha felicitado por nada, un padre frío y lejano, pero no les culpo de nada, todos tenemos problemas y yo tampoco es que sea la mejor hija del mundo, está mi hermana para recordármelo diariamente.
Aunque tampoco es cuestión de ver las cosas tan mal, aún no he escrito ninguna carta de suicidio ni tengo intención de hacerlo de momento.
Supongo que se puede vivir con esto. Tengo casa, familia, amigos y nunca me ha faltado de nada, supongo que puedo limitarme a existir sin ser gran cosa.
Solo digo que todo esto es raro.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cafetera de sueños y pesadillas.


Últimamente me cuesta hablar de todo.
De las heridas del pasado que aún hoy siguen abiertas, de las realidades frías y punzantes como estalactitas, del tiempo que pasa a veces tan rápido que me deja atrás, u otras veces tan lento que todo permanece en una monótona y temible eternidad de la que no consigo escapar; hasta de mí, pf, qué decir de mí aparte de ya nada me hace sonreír... Pero nada me resulta tan difícil como hablar de ti.
Del perfecto e imperfecto 'tú' que te forma, de esas estúpidas palabras que me dices para que me hagas extrañarte y por esas otras que hacen que no quiera volver a escuchar tu nombre, de esos momentos que vivimos separados y de los que me gustaría vivir juntos que, aún si fuera un efímero y fugaz momento, me haría sentir la persona más afortunada de este mundo. Porque nada se puede comparar con lo que me haces sentir (y no solo para bien). El amor es una de las cosas más puras que uno puede experimentar, aunque cualquier bien no viaja en solitario, sino que con él, como un escolta, viene acompañado de algunos malos estragos.
Y sé que las historias románticas vienen seguidas de una pésima secuela decepción y abandono... Pero no puedo evitar más intentar callar lo que siento, no puedo seguir escondiendo en mi pecho la luz de mil estrellas incandescentes que caen sobre mi corazón, hiriéndolo, suplicando que las deje libres. Y aunque esta vez la noche haya vencido al amanecer, contigo todo se vuelve más pequeñito, me das fuerzas para crecer... porque siento que a tu lado no necesito poner el dedo sobre la Luna para sentirme gigante.
Y es que no sé qué decir de ti aparte de que me encantas.
Me encanta el sonido de tu respiración, que me hipnotiza y me sumerge en el fondo donde nadie excepto tú puede encontrarme, aunque sin ahogarme, porque eres tú quien me da el aire que necesito para sobrevivir. Me encanta tu risa, pegadiza y repetitiva, como esa canción que me ronda siempre la cabeza, que me recorre entera de pies a cabeza haciéndome sentir viva.
Pero no puedo hablar de tu tacto, de tu olor, de las curvaturas de las facciones de tu cara... Porque no estás. No estás y me haces falta.
Sé que ahogar las penas está muy visto, pero es lo único que puedo hacer, servirme lágrimas todavía sin derramar en bonitas tazas adornadas y coloridas, aunque vacías como mis sueños, tragármelas e intentar que acaben por ahogarme, por apagar el rápido compás que me hace llevar mi corazón y que me asfixia. Pero de nada sirve, cojo las tazas donde he depositado mis debilidades y por miedo a que alguien lo haga, las rompo contra la pared junto la poca esperanza que aún me queda; si alguien me va a hacer daño, seré yo misma. Y es que nada tiene sentido en noches deambulantes de insomnio, porque para mí siempre es de madrugada y despertar sin ti es como continuar con las pesadillas de mis sueños.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Lo fui todo, no soy nada.


Me cuesta hablar de realidades.
Me cuesta asumir que no soy más que una promesa a la que todos rompen o que, simplemente, nunca tuvieron la intención de cumplir... Esa promesa de fidelidad eterna entre almas que se comprendían (o eso nos hicieron creer), esa promesa hicieron aquellos a los que una vez llamamos amigos,  los cuales hoy no están aquí, en este festín de carroña, de restos de sentimientos desgarrados e ilusiones rotas que ya no son nada, que no significan nada en absoluto... Brindemos con las últimas gotas de esperanza que conseguimos escurrir de nuestras desgastadas almas, brindemos por recuperar aquello que nos fue arrebatado: confianza, amor y hasta incluso algo de autoestima y dignidad; pero lo que más me duele haber perdido, es la fe; no solo en mí mismo, sino en la humanidad. Pero es imposible que, cuando aquello a lo que más se quiere, a lo que más nos aferramos desaparece, por razones que no llegamos a comprender o que nunca nos llegan a dar, pretender volver a ser la misma persona, pretender actuar como si nada hubiera pasado, como si todo fuera igual que antes... Es inútil esforzarse en intentar sentirnos completos de nuevo; ya que una parte de nuestro ser, se ha ido con esa persona, dejando en su lugar un profundo vacío que va decolorando y monotizando todo nuestro mundo de color.
Todos los momentos vividos, todas esas miradas: aquellas alegres que, al igual que un niño dándole cuerda a una caja de música, conseguían de mí sacar las mejores melodías risueñas; y aquellas algo melancólicas en las que se escapaban algo de tristeza de entre los ojos y que una suave caricia con el dorso de su mano conseguía secar y sanar el escozor que producían al resbalar sobre mi piel. Aquellas conversaciones mudas en las que las palabras sobraban, en las que solamente necesitaba investigar las pequeñas arrugas en la comisura de tus labios para descubrir lo que encerrabas en ese resguardado corazón. Aquellas noches oscuras que se iluminaban con su presencia, como mil destellos de luz en el horizonte que hacen saber al naúgrafo qué camino seguir... Pero mis luces se apagaron.
Por desgracia, no solo soy una promesa de amistad, también soy la más mustia y lánguida promesa de amor.
Soy ese tenue 'siempre' que nos susurraron una vez al oído entre besos y caricias que recorrían la carretera de tu cuerpo a una velocidad no permitida y que experimentabas junto a un cálido cuerpo que te sostenía entre sus brazos cuando llegaban las curvas y los baches, sin embargo, ahora, te ha dejado caer sin compasión en el frío y mojado asfalto mientras se alejaba sin, ni siquiera, mirar atrás. Soy  ese 'te quiero' que se resbalaba por la comisura de sus labios como dulce miel y se queda aferrada en el panal de tu clavícula junto al dulce perfume que ahora produce tanta nostalgia. Soy esa sonrisa tierna y amable, pero a la vez no verdadera, que se clava en tu mirada, que hace que tus ojos se cierren en un involuntario movimiento para impedir que de ellos vuelva a llover esa salada agonía que va haciendo un efecto que tus entrañas como si de ácido sulfúrico se tratara, te va corroyendo por dentro lenta y dolorosamente . Soy ese último beso que simboliza un adiós y, para mi desgracia, en este aspecto sí que soy verdadero... Un adiós real de algo que nunca lo fue.
No soy más que una mentira. Una mentira que tiene miedo a hablar pero que está cansada de callar lo que siente... Una mentira que solo desea romper sus cuerdas vocales, quemar en su garganta aquellas palabras que la están consumiendo por dentro. Una mentira dulce que esconde el más agrio néctar. Una mentira que te sonríe y asiente vagamente diciendo: 'estoy bien' cuando, en realidad, no es así en absoluto... Cuando lo único que verdaderamente desea en su interior es acabar con todo... Cuando este pequeño corazón que posee, y que a veces no llega a entender del todo, no hace más que jadear suplicando en su último aliento un poco de compasión por todos sus pecados; entre ellos y el más grave, fue amarte, fue amarlos...
Y sin embargo, temo a la muerte y la vida me mata. ¿Qué me queda en esta inmensidad de nada?
Quizás hoy mi corazón siga latiendo por vivir, pero no puedo prometerte que mañana siga dejando que esta triste melodía siga sonando al compás que marca mi pulso.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Finales felices.

Quizás buscar la complejidad en mis palabras sea lo que me impida expresarlas, siempre intento encontrar palabras de novelas grandiosas, de sublimes lecturas de adultos... suena bastante aburrido ¿no? Volvamos a ser niños despreocupados.
Y es ahora cuando estoy aprendiendo a ver las cosas de una manera más simple, a no preocuparme por cualquier pequeño problema... Creo que estoy aprendiendo a ser feliz por una vez.
Sin buscarla, encuentro la perfección en pequeñas cosas en la que jamás me fijé: en cómo la noche nos arropa con su gran manto de estrellas y nos vigila con su gran ojo, la Luna; el despertar con pequeños rayos de luz al amanecer que nos marcan el camino que seguir, pero sin dejarnos ver cuál es el final... el trabajo de descubrirlo es nuestro, andando solos o con la más dulce compañía, tropezando y aprendiendo a levantarnos y a curar nuestras heridas... aprendiendo a querernos tal y como somos... aprendiendo a ser nosotros mismos.
¡Levanta ya! Es hora de que abras la boca y te comas el mundo que sostienes entre tu manos.
Y quizás a veces te asuste la oscuridad, el miedo de no saber hacia dónde vas y perderte del camino; quizás empiece a llover de tus ojos cuando notes que se acerca el invierno de tu corazón y poco a poco se vayan congelando tus sentimientos, paralizando tus emociones, desconcertando tus sentidos. Pero no temas más, porque yo mataré monstruos por ti.
Seremos dos héroes vestidos del verde coraje y empuñando nuestras más preciadas ilusiones, prométeme que lucharemos por ser felices, juntos. Que por mucho que nos cueste escalar montañas, por mucho que nos hundamos en aguas turbias, por mucho que la niebla nos impida vernos, siempre estarás agarrado a mi mano, no me sueltes nunca...
Ha llegado la noche y los fuegos artificiales tiñen el cielo de toda clase de colores existentes (e inexistentes también), pero ¿qué celebramos? Quizás el seguir vivos, en retar cada día a la muerte a un juego al azar, celebramos ser campeones de este juego al que llamamos vida.
¿Puedes levantarme un poco? Quiero coger una estrella y encerrarla para que este momento sea eterno... a tu lado cualquier cosa se hace posible.
Aunque seamos solamente dos simples cultivadores de sueños, me siento feliz de haberte encontrado; porque la experiencia me ha enseñado que los príncipes azules a veces se destiñen...
Y como en cualquier historia, debería haber un final feliz, pero a esta historia, prefiero no ponerle final alguno.

lunes, 25 de junio de 2012

Sigo sin creer en las resurrecciones.

Es difícil no llorar ahora, cuando todo tu mundo se viene abajo, cuando cada palabra duele más que la anterior, cuando la soledad se aferra a ti, engañándote y convirtiéndose en tu única compañía, es entonces cuando no deseas otra cosa que aquello a lo que suelen llamar corazón, esa cosa cuyo pálpito consigue ponerte de los nervios muchas veces, se pare en seco. Tampoco es muy diferente de cómo estoy ahora, tumbada en la cama y con la cara completamente hundida en la almohada, intentando ahogar en vanos gritos y sollozos; siento cómo el constate latido de mi corazón va siendo cada vez más lento, intentando bombear el oxígeno que no dejo que se suministre, necesito acabar con esto ya...
Necesito descarrilar de una vez de esta montaña rusa en la que no hago más que caer más y más en picado, siento cómo se me encoge en estómago, esas terribles ganas de vomitar sentimientos y quedar libre de ellos, pero tengo miedo a escupirlos sobre alguien importante, alguien que ahora mismo me está cogiendo de la mano diciéndome: ''tranquila, ya pasará'', pero... ¿cuánto tiempo estarán ahí? ¿se bajarán en la próxima vuelta o se quedarán eternamente atrapada en ella por mi culpa? Sea como sea, no quiero tenerlos a mi lado, no quiero... no quiero depender de ellos, de nadie...
Siempre he sido una molestia y siempre lo he sabido, solo que intentaba consolarme pesando que no era culpa mía, que eso le pasaba a todos, pero no es así... cualquier persona en mi compañía sufre, se va, o simplemente, hace lo posible para acabar con su vida.
No os podéis imaginar la angustia que tengo agarrada en el pecho, me aprieta, me deja sin aliento y poco a poco, está acabando conmigo... pero no le daré el placer de hacerme morir lentamente, disfrutando de cada minuto de agonía que sufra mi cuerpo, de cada lágrima que desprenda por aquellas personas que hoy se marchan, por cada gota de sangre que define mi cuenta atrás.
Necesito retroceder, a cuando todo estaba bien, quedarme allí un tiempo, grabar en mi memoria aquellas caras felices de manera que no quede espacio para nada más en mi memoria; inundar mis oídos de esas risas, ahogarme en ellas y por una vez sentirme tranquila; abrazar a aquella gente a la que nunca olvidaré, sentir sus cuerpos junto al mío, recordar sus dulces aromas... hasta que todo se haga borroso y llegue la hora del juicio final. Que por un momento, durante un simple instante todo aquello que me devoraba por dentro, aquello que hoy no me deja vivir, deje de existir.
Quiero pedir ayuda a Dios, pero ¿dónde está ahora? ¿dónde está su justicia? Me ha abandonado, pero, realmente, no es de extrañar, todos, al fin y al cabo, acaban haciéndolo.
Ahora que realmente estoy sola, tengo miedo, miedo a morir si haber sido nadie... ¿alguien me recordará? ¿alguien llorará por que me vaya? Pero esa no es la mayor de mis preocupaciones...
Tengo miedo de dejar de existir, de dejar de ser, relativamente, alguien a solo ser un cadáver, algo inerte, insensible, inútil... Miedo de no volver a sentir jamás, de no sentir lo que es ser amada de verdad por alguien...
Y ahora que decido morir en el más frío de los veranos, en una donde solo se oye el pequeño siseo del viento pasando entre las ventanas estalla mis oídos, donde el frío suelo hace que ardan mis pies a cada paso, donde a cada bocanada de aire temes por que se escape tu alma en un pequeño hilo de voz en el que apenas se percibe los lúgubres sonido de un amargo adiós... Es aquí cuando tengo claro de que no hay vuelta atrás.
Después de tantas veces que ha muerto mi alma, sé con seguridad de que no hay resurrección alguna, mi alma siempre estuvo muerta, pero vivía artificialmente de aquellas personas a las que me aferraba y de las que ahora me despido.
Adiós amigos, nos vemos en el olvido.

viernes, 11 de mayo de 2012

Anhelo de pecadores.



Me sigo ahogando entre botellas vacías, asfixiándome entre un aire en el que solo se perciben diferentes tonos de alcohol y tabaco, dejando que penetren en mí esas drogas que espero que acaben por matarme, por destruir dentro de mí todo lo que soy.
Sigo atragantándome con besos insípidos y quemando mi piel con caricias vacías, sobreviviendo del poco afecto que consigo arrebatar, siendo yo misma una de esas personas de las que intenta escapar; dejando que los deseos se antepongan a los sentimientos, haciendo sentir que es una necesidad. Repulsivo, pero a la vez bastante agradable.
Me cansa ya hablar de caminos y de destinos, de recordar malas salidas e imaginar un final. A veces me parece absurdo esto de pensar, no hace más que ponernos impedimentos a aquellos que realmente deseamos hacer, decir o simplemente callar. Y quiero hablar del ahora, pero no encentro nada que decir... O no nada que no tenga relación contigo.
Poco a poco siento que me quedo sin cosas que decir, sin palabras que cobren sentido de ningún modo, siento que el tiempo se agota cuando no estoy a tu lado; siento que me voy quedando sin aliento de tanto correr para alcanzarte y, sin embargo, siempre te pierdo el el horizonte, vacío y monótono.
Se van acumulando demasiados temas incoherentes conexos entre sí, que siempre lleva a un mismo lugar, un mismo punto de referencia: tu anhelo.
Y es que aún no me hago a la idea de vivir sin una sonrisa que ilumine las noches más oscuras, cuando las estrellas dejan de brillar y la Luna se torna de un turbio y frío rojo que va recorriendo mis venas, haciendo que mi cuerpo se congele, es cuando necesito tu calor, unos brazos que me acojan dulcemente, escuchar una y otra vez el mismo sonido repetitivo de tu corazón y quedarme dormida bajo el manto de tu mirada. No me hago a la idea de tener que vivir sin volver a escuchar el envolvente aroma de tus palabras, dejando que en mis oídos se incrusten las putrefactas palabras de la sociedad, en las que abundan críticas y burlas, dejando que vuelva a caer en un bucle de autodestrucción.
No quiero vivir sin poder beber el fruto de mi felicidad, que emana tímidamente por la comisura de tus labios... ¿jamás volveré a tomar del fruto prohibido?
El anhelo será el castigo y el olvido algo inalcanzable, esta es la pena de los pecadores.

domingo, 15 de abril de 2012

¿Es un adiós para siempre?


Llevo tiempo sin querer dedicar ninguna palabra a mi vida, intentando quedarme en un silencio abismal, con la mente en blanco y dejando mis pensamientos alejados de mis sentimientos, con miedo de que tu recuerdo volviera y recorriera todo mi cuerpo como una fría bocanada de aire, helándome por dentro; pero sin embargo, nunca me percaté de que tu recuerdo siempre había estado presente, escondido bajo una triste almohada y protegido por ilusos sueños.
Pero no solo tu recuerdo me persigue, sino el de todos aquellos que se han ido, que han abandonado mi corazón y mi vida, dejando un asiento libre -el cual aún mantengo caliente- buscando un mejor lugar que a mi lado para estar, para ser felices.
Y aunque haya intentado manteneros a mi lado, todo ha sido en vano. He intentado cambiar mi forma de actuar, de pensar, de sentir, solo para manteneros aquí conmigo, para que esto a lo que llamo vida no sea más que una gran sala con asientos vacíos por un público insatisfecho. He cambiado tanto que ya no sé quién soy realmente.
Hoy me encuentro pérdida -bastante más de lo normal-. Intento buscar una salida en este maldito laberinto de preguntas a las que nadie me sabe responder, de palabras que nadie me ayuda a pronunciar, de delitos que nadie me ayuda a cometer, de sonrisas que nadie me ayuda a esbozar, de amor que nadie me deja demostrarle... Y es que esto no lo puedo hacer sola.
¿Alguien en algún lugar vendrá a ayudarme?
Solo espero que algún día me pueda levantar sin miedo a que me vuelvan a hacer caer, o más bien, con la seguridad de que si vuelvo a caer, haya alguien tendiéndome la mano y diciendo: ''Levanta, todavía nos queda mucho camino por recorrer''.
Y quizás las pérdidas me duelan cada vez menos, una rutina corriente por la cual más de una vez he experimentado; el doloroso y continuo dolor de una sola palabra que rebota como un eco en tu cabeza, cada vez más alto: ''adiós'' y luego un largo vals de lágrimas que danzan tristemente y descompasadas por tu rostro.
Pero ahora solo me queda quedarme tendida en este suelo, al que por mucho tiempo que pase, no consigo adaptarme; viviendo en una continua soledad desde donde el miedo me acecha y me hace cometer más errores de los que pueda arreglar, confundiendo mis sentimientos, haciendo un nudo en mi estómago obligando a callar mis palabras y renegando cualquier pizca de felicidad.
Solo me queda vivir a base de amargas despedidas, de críticas que me van destruyendo y de falsas ilusiones que va creando el amor, o lo que de él conozco.
Siento estar al borde de un gran abismo, quizás deba saltar. Dejar atrás todo aquello que me oprime, pero con miedo de olvidar todo aquellos que mínimamente me retiene, todas aquellas personas que me atraen con sus dulces voces, como si de ángeles se tratara, todos esos pequeños momentos por los que merece la pena vivir (aquel primer beso bajo las estrellas, aquellos días en una pequeña cocina donde en el aire no se percibían más que algo de harina y risas, aquellos días de lluvia abrazada a esa persona especial, esos días encerrados e una habitación hablando sobre el sentido de la vida, hasta que nos dimos cuenta de que esta no lo tiene). Y quizás sea eso, caminar tejiendo una manta con todos estos momentos, protegiéndote así de los malos días, dándote calor en los días de soledad y dando un poco de luz en esos días de pensamientos nublados.
Y aunque todos se acaben marchando, me quedará su recuerdo, aunque me duela saber que nunca fui suficiente. Para nadie.
Y que por eso viva en este adiós para siempre.

sábado, 24 de marzo de 2012

Algo de lo que no puedo huir.


Quizás haya pasado mucho tiempo en el que mi corazón no haya escrito ni una palabra, tiempo en el que he parado de pensar, incluso de sentir; quizás todo lo que ha ocurrido no sean más que acontecimientos sin mera importancia. Creo que mis palabras han perdido ya sentido alguno, no son más que eso, palabras, simples o complejas, la cuestión es que está vacías, esputadas por un hueco corazón incapaz ya de funcionar.
Nada ha cambiado desde el primer momento, todo sigue igual, una montaña rusa llena de altibajos que, sin importar como son, siempre acaban en una temerosa caída de la cual me he descarrilado varias veces, cayendo en un abismal vacío; solo cierro los ojos y rezo, no por vivir -es más las cosas darían un giro de 180º a favor de todos, incluso de mí misma si muriera-, rezo por todos a los que les importo para que sean felices y quizás, con suerte, les importe lo suficiente para que me ayuden a salir de allí, curándome y volviendo a dibujar en mi cara las sonrisas que jamás pensé en volver a enseñar.
Creo que la vida sigue jugando conmigo, muestra su cara inocente, como un juego de niños, pero realmente no es más que un sádico juego del que nunca me dejará escapar; aunque creo que ya llevo tanto tiempo que hasta yo misma entro en el juego una y otra vez mostrando el más extraño de los involuntarios masoquismos. Y es que a veces hasta me gusta.
No soy más que un títere sometido ante su poder, una marioneta que desea cortar los hilos hechos de miedos e inseguridades que la manejan y que en muchos casos estos se tensan tantos que llegan a herirme, pero nadie lo puede ver, no sor heridas que se puedan percibir a simple vista: en las manos o las piernas, no, son heridas que llegan a lo más profundo del corazón.
Mis sentimientos se han perdido, quizás en una casa de espejos donde solo podía ver su reflejo y los seguía ciegamente esperando al fin encontrarlos; pero siempre acababa estampada delante de un espejo, en el cual no había más que un ser horrendo reflejado en él, espera, era yo. Y por la rabia de ser así, fui rompiendo todos los espejos, uno a uno con la sangre en mis puños, tenía claro en dejar atrás mis sentimientos y encerrarme en mi autismo interno, donde ya nada digo, nada siento.
Solo me queda esperar aquí, sentada sobre una superficie humedecida por mis propias lágrimas, esperando a que todo acabe.
''El amor te salvará, lo hace con todos'' ¿Acaso crees que yo quiero amor? Estás en lo correcto, pero debo de dejar de soñar, ya que es simplemente eso, sueños; que si no los rompes tú alguien se encargará de hacerlo. Dejaré de ser la niña inocente y pasaré a adquirir un tono más serio, en el que todo me lo tenga que ganar yo. Já, ni siquiera yo consigo creerlo; dependo de los demás más que de mi vida misma, pero principalmente dependo de ti. ¿Y dónde estás? Yo sigo aquí, escondida entre la niebla, mirando al horizonte esperando encontrar tu mirada.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Los latidos de mi corazón delataban mis sentimientos.


Retornan cálidos días de un verano que quedó atrás, esos días en los que el amor fluía por nuestras bocas y se resbalaban por nuestros labios, sentimientos guardados entre suaves caricias que envolvían tranquilas miradas, sonrisas ocultas tras los tan añorados y tiernos abrazos que reaparecen en el más frío de los inviernos para las emociones...
Mi corazón se había sincronizado con el paso de las estaciones, se encontraba algo congelado, paralizado con la frialdad de sus propios sentimientos, le costaba latir por algo que no fuera más que su propia supervivencia -aunque, a veces, deseaba de dejar de hacerlo y descansar de una vez al fin-. Pero tu tacto le hacía estremecerse, una pequeña corriente recorría cada una de las partes de mi cuerpo, desembocando en mis labios que no desean más que tus besos. Inundaba un gran océano de calor producido por tu suave voz, en el que se ahogan todas las preocupaciones por un instante, donde tu mano me saca a la superficie haciéndome vivir de nuevo. 
Pero aunque ahora estemos tan cerca el uno del otro, nuestros corazones están muy lejos.
Quisiera poder caminar sobre la estrellas, en la inmensidad del universo con la Luna haciendo de meta de este  costoso trayecto, sosteniendo fuertemente tu mano, apartando el miedo de caer en la inmensidad del olvido, teniendo fe de que siempre perduraré en algún lugar de tu corazón.
Dejar volar mis pensamientos, los que contienen mil ''te quiero'' que deseo que escuches, ponerles de destino tu corazón. Espero que escuches todo lo que te deseo decir y que mis labios son incapaces de expresar.
Quiero jugar a amarnos eternamente, como si de un inocente juego de niños se tratase, no quiero trampas, quiero que el amor sea puro en toda su excelencia, quiero que los sentimientos sean verdaderos y que en los días de oscuridad puedas ver una pequeña luz en mí, una luz que jamás te abandonará, una luz que te seguirá hasta el fin del mundo.
Puedo prometerte tantas cosas que ni siquiera el infinito consigue comprender su grandeza, pero al igual que las palabras, se acaban olvidando, quedando enterrados entre no más que antiguos recuerdos. No quiero que esto sea así. 
Prométeme que esto no acabará así, prométeme simplemente que no acabará. Prométemelo entre besos y silencia las palabras, no me dejes hablar, solo bésame. Bésame para pactar este amor para siempre.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Por mucho que lo grite en mi interior, jamás conseguirás oírlo.


De nuevo vuelvo a llevar esta gran carga en la parte izquierda de mi pecho, un corazón que vuelve a palpitar al compás de nuestro andar, vuelve a ser un corazón cálido, tanto que a veces arde junto con los demás sentimientos y emociones que han florecido una vez más, pero aún es invierno. Les cuesta crecer e incluso mantenerse con el mínimo ápice de vida que les queda, día a día se van marchitando a la par que el sol cae, un trágico final ya habitual para esta desolada alma perdida entre la grandeza del universo. Mientras caminamos por las vacía calles puedo oír el sonido de tu corazón, lento y calmado, espero que no puedas oír el mío, late fuertemente con solo sentir el sonido de tu voz acariciando mis oídos, componiendo una melodía que no para de resonar una y otra vez en mi cabeza; cómo el suave tacto de tu piel hace que me estremezca, haga que un interminable escalofrío recorra mi cuerpo... tengo ganas de dejar reposar mis labios contra los tuyos, crear un gran silencio donde las palabras no sean necesarias, donde solo importe el momento, donde sean las tímidas miradas las que lo digan todo. Solo necesito ese pequeño aliento que se escapa entre la comisura de tus labios para vivir...
Pero los sueños se van con el suave susurro del viento, te voy perdiendo entre la neblina, mientras observo como tu cuerpo se va alejando, dejando un gran vacío a mi lado; ahora camino por calles solitarias, al compás de la lluvia que desprenden mis ojos, me cuesta caminar si no es contigo... Los apresurados latidos de un enamorado corazón se van apagando, se van consumiendo poco a poco, las sonrisas se van desgastando con el tiempo y no queda hueco para algo más que unos cuantos suspiros ahogados en desesperación...
Los recuerdos no hacen más que atacar a este débil corazón, podrido y mustio, corroído por la agonía, por el anhelo... no hay nada que lo haga volver a vivir.
Y fue cuando apareciste tú.
Tú y tu cercana forma de ser aparecieron de la nada, pero significándolo todo, tu simple presencia hacía que todos mis huesos temblaran, se excitaran. Sentía como el paso de las estaciones transcurría más rápido de lo común frente a mis ojos, o quizás frente al reflejo de los tuyos. Nos quedamos atrapados entre los meses de primavera, entre abrazos sin final y despedidas con un sabor amargo...
Pero he de dejarlo todo guardado en este pequeño rincón, aislado del resto del mundo, un lugar que solo yo conozco. Donde están mis más escondidos secretos, mis más sinceras confesiones y mis más preciadas piezas de este puzzle que compone mi vida. He de mantener estas palabras aquí, donde por mucho que grite no puedas oírlas, no quiero perderte, no a ti...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Una imperfecta melodía no es compatible con un perfecto corazón.


Del silencio he escrito una melodía, suave y tierna, para un herido corazón que desea volver a latir.
Las cuerdas rotas de la guitarra, las desafinadas notas de un perfecto piano, el desacompasado sonido de una batería y los altibajos de una extraña voz consiguen formar esa perfecta imperfecta melodía, una melodía corriente, una más de tantas.
Sin embargo el armónico sonido que resbala por tus labios es perfecto, el sonido del viento enredándose entre tus alborotados cabellos, la destelleante luz que desprenden esas estrellas que tienes en lugar de ojos, ese tierno corazón que me hace sentir viva de nuevo...
Mi corazón solo late cuando escucha el concierto de tu presencia, es especial, magnífico; y, como si de un sueño se tratase, te siento cercano en distancia, siento la suave brisa de tu respiración en mi cuello, pero sin embargo no estás ahí, estás lejos, donde los corazones están aliviados; paso a ocupar un segundo plano junto a la demás gente insignificante, mientras que tú eres el protagonista de esta sinfonía que no llega a su final. Es tu hora de brillar, de destacar entre los mejores, pero no vale la pena hacerlo en este mediocre corazón, en este lugar donde nadie apreciará tu talento, donde estos verdaderos pero insignificantes sentimientos que actúan como un atento público que se maravillan con solo tu salida a escena...
Te observo desde lo lejos, con ansias de caer por tus labios, deslizándome suavemente entre la comisura de tus labios e investigar más a dentro, buscando entre tus dientes, y así, poder aterrizar en tus húmedos besos; te observo deseando abrazarte, fuerte, tanto que desearía quedarme sin aliento para no soltarte nunca, deseo descubrir cada pequeño secreto, alegría, tristeza, dolor, amor que guarde tu corazón, quiero saberlo todo sobre ti, te quiero...
Y asustada de que las palabras se vuelan contra mí, de que me apuñalen lentamente haciendo resurgir ese familiar dolor que consigue vaciarme, haciendo de mí un cuerpo inerte, sin sentimientos, un saco de lágrimas de cristal que se rompen al chocar contra la cruel realidad, al chocar contra la verdad, percatándose de que este mustio y defectuoso corazón jamás será amado...
Y el habitual sabor de la desesperación hace que lo saboree en todo momento, acompañado de un toque de frustración y amargura, solo necesito el suave elixir de tus labios para hacer que se desvanezca en la nada.
Espero que los sordos ''te quiero'' que grita mi corazón algún día los llegues a oír.

domingo, 30 de octubre de 2011

En mis manos no serás un pájaro de alas atadas.


Ya no duele el recordar el pasado, lo he dejado atrás, junto a los sentimientos que estaban a él encadenados, liberándolos de una prisión cada vez más estrecha, donde los latidos cada día eran más débiles, dónde las lágrimas eran más secas, donde el amor era una simple fantasía -imposible de alcanzar-.
Vuelvo a oír los latidos de mi corazón; pero no ese constante ''pum, pum'' que suelen hacer todos, que va, le oigo decir lo bien que se siente al estar en un cálido y querido cuerpo al fin, mi cuerpo.
Amor, vuelve a ser la fuente de la que bebo, la que me da fuerza, valor, la que me impulsa a seguir adelante, la que apaga este fuego que arde en mi interior, que me quema, que me devora, que me destroza poco a poco haciendo de mí poco más que unas míseras cenizas...
Quiero que sepas que el pasado ya no duele porque al observar el presente te encuentras tú, esperándome con una gran sonrisa que abrazaré.
Te he echado de menos, mi cama ha estado vacía demasiado tiempo, sigue aún el contorno de tu cuerpo dibujado entre las revueltas sábanas y tu dulce y peculiar aroma se percibe entre las almohadas, mis sueños extrañaban verte en ellos, feliz y a mi lado, añoraban sentir tu calor, tu presencia... Mis labios han estado demasiado tiempo sellados, esperando a volver a entrar en contacto con tu hermoso rostro; mis ojos deseaban volver a verte, buscar entre los rincones intentando hallar los tuyos y que, en una tímida pero larga mirada, las palabras sobren y sea el mismo latido de nuestro corazón el que nos revele lo que ambos sentimos, pero sin embargo, lo que nunca confesaremos...
He esperado demasiado tiempo esperando sola a la intemperie, hiciera frío o calor, solo para volver a verte. Te perdí rápido, por extrañas razones que no llego a comprender... te perdí sin yo quererlo -lo pagué bastante caro, a base de lágrimas de cristal, sentimientos fragmentados y un pequeño corazón inservible- pero ahora que te he encontrado no quiero dejarte escapar nunca más. No seré yo quien corte tus alas, dejándote así atrapado entre rejas, privándote de cualquier libertad y haciendo de ti una marioneta que yo misma manejaré, que va, te haré sentir bien -puedo prometértelo-, te acogeré entre mis manos y no te dejaré caer, dejaré que abras tus alas y las batas con fuerza, te ayudaré a volar, a volar muy alto, pero siempre esperaré a que regreses a casa, tu casa, mi corazón...

miércoles, 26 de octubre de 2011

El tiempo y la soledad van marchitando los sentimientos.


Hoy, el sonido más hermoso ha sido el silencio.
Me cansa vivir rodeada de problemas, de prisas, de agobios, solo quiero pararme en medio del camino y mirar arriba, poder ver el cielo azul, las blancas nubes, sentir la suave brisa y dejar que la luz del Sol caliente mi frío y vacío cuerpo, el que una vez fuiste tú quien lo completaba.
Desde que te fuiste el camino se ha complicado. Te ha sustituido alguien llamada soledad, no me gusta su compañía, a su paso el cielo se oscurece, tanto que no puedo verte; las nubes empiezan a llorar, creo que ellas también te extrañan; hace más frío y poco a poco me cuenta moverme, me cuesta volver a esbozar una sonrisa, la desesperación me ha inundado, la agonía va corriendo por mis venas, dañando todo mi cuerpo.
Ya solo soy un árbol marchito, solitario... este árbol un día estuvo lleno de flores y frutos, aunque no era muy bello se veía bastante bien, con algunas ramas secas, como cualquier otro, pero un día vino una inesperada sequía, a la que todos denominaban ''amor'', claro, el inocente árbol no se percató de lo que ello suponía, de un gran campo se dejó enamorar por una bella rosa de apariencia, pero sin darse cuenta de las grandes espinas que escondía detrás de sus hojas, hojas que le atraparon y llevaron a la perdición. Intentó afrontar con valor y esfuerzo, pero acabó por marchitarse, por dejar caer sus hojas al suelo, por dejar que pisotearan sus alegres flores, por dejar que sus frutos se pudrieran lentamente en el suelo mientras él no hacía otra cosa que lamentarse, sufrir, morir lentamente...
Ya no hay pétalos en el suelo, significa que el viento se los ha llevado; al igual que los recuerdos y los segundos vividos que el tiempo va borrando, es doloroso ver como una parte de ti se ha esfumado, como lo que aún significa tanto para ti otros apenas lo llegan a recordar, duele saber que el amor dado jamás será recibido...


sábado, 15 de octubre de 2011

Búsquedas y pérdidas entre las estaciones incompletas.

He vuelto a recaer en esta maldita enfermedad, esa que recubre mi corazón de un frío hielo, que hace que se estremezca, lo hiere y solo es a ti a quien le deja la clave para liberarlo y que con tu calor lo puedas reclamar siempre que quieras, al fin y al cabo... te pertenece; te pertenezco.
Sí, el amor vuelve a hacerme presa.
He escrito tantas confesiones que nunca te he entregado, he susurrado tantos ''te quiero'' que nuca has oído, he esperado tanto tiempo a que vinieras que he terminado por congelarme por la ausencia de tu presencia, mientras tú te alejabas por otros caminos con un final que no soy ni será yo... y que sin embargo, sigo aquí, quieta, delante de la nada esperando a que tú aparezcas.
Te amo, lo confieso. 
Las traviesas mariposas de mi estómago están preguntando por ti, están empezando a perder su entusiasmo, les cuesta si no estás ahí para darles vida con tan solo acercarte a ellas ¿por qué no vienes y les explicas que no las quieres? Ven, clávales pequeñas agujas en sus cuerpos, haz que se retuerzan de un insoportable dolor -solo serán unos instantes-, haz que de una vez descansen en paz, ayúdalas a que paren de revolotear hacia una falsa ilusión; y después, vendrá la soledad, vendrá un gran hueco, el que antes ocupaba tu perfecta persona...
Mis labios están ansiosos de rozar los tuyos, de que inundes este invierno que hay en mi interior de un cálido verano, lleno de amor, sueños e ilusiones que compartiremos... ¿pero por qué lo único que los rozan son lágrimas? Esas que nacen de unos ojos que extrañan verte...
No hay palabras para expresar la falta que me haces, para expresar como con solo pensar en ti, en tu voz, haces que mi cuerpo se conmueva. Imagino tus brazos fundiéndose con mi cuerpo en un interminable abrazo, imagino tus dedos creando figuras sin sentido en mi espalda -y por qué no, acariciando mis labios-, imagino tus ojos mirándome, atrapándome y tus labios esbozándome una sonrisa, con solo una me bastaría -aunque si te sientes generoso, tus  dulces besos no le vendrían mal a este amargo corazón-.
Mi corazón solo vive en dos estaciones, un marchito otoño lleno de soledad y pérdidas, seguido de un frío invierno, lleno de enfermedades, dolor y como no,más soledad... trae ya de una vez la bonita primavera, alegre y colorida, junto al cálido verano, lleno de ternura y sonrisas. Esperaré, aunque tú no hagas nada por tomar este camino que da hasta mi paradero.
Aún sigo buscándote entre los vientos fugaces, que no paran de pronunciar tu nombre, pero sin embargo, nunca anuncian tu llegada... parece que cada vez que te alcanzo, ya te has ido.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Un grito ahogado de desesperación más, y tantos que quedan...

Busco un lugar que solamente sea mío, donde poder emborracharme con mis propias lágrimas, marearme con el humo que desprende mi putrefacto corazón, silenciar el ambiente entre gritos agonizantes.
Los buenos recuerdos me destrozan por dentro, los sentimientos que en ellos guardaban fueron destruidos por el intenso ardor de la decepción, la cual es una bebida que me suelen dar a traición, día tras día, seduciéndome con palabras vacías, en las cual caigo presa sin apenas darme cuenta, quedando así completamente manipulada por tus manos.
Tu voz hace que mis tímpanos quieran estallar, oír tu voz me hace débil, hace que los últimos pedazos de mi corazón se vuelvan a romper y así sucesivamente hasta que al fin no quede nada... parece que era eso lo que querías conseguir.
No entiendo esta situación en la que vivo, llena de engaños, mentiras, enfrentamientos y traiciones, no comprendo por qué las las cosas siempre se tiñen del lado más deplorable, no comprendo por qué soy siempre yo la que acaba ahogada entre su propio silencio y sus pensamientos, mustios como mi propia alma.
Trago con fuerzas mis palabras, afiladas como cuchillas, clavándose muy adentro, produciendo un terrible dolor del que no me desprenderé, no quiero pronunciar la cruel realidad, tengo demasiado miedo...
No quiero volver a caer, ¿alguna vez me he levantado? me pregunto, he estado hundida en un mar espeso, lleno de depredadores hambrientos, con ganas de jugar a despiadados juegos.
Por mucho que llore pidiendo tu auxilio solamente te quedarás mirando como voy desapareciendo entre el olvido y la nada, mientras esbozas una última sonrisa, la cual yo acompaño con una lágrima seca más.
Y los inocentes actos para intentar mejorarlo se han vuelto contra mí, reprochándome lo que nunca hice y lo que nunca debí de hacer, clavándose en mi pecho una y otra vez.
Acaba conmigo de un golpe, no me dejes que siga sufriendo...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sonrisas a corto plazo.

Esta es una sociedad orgullosa de lo que son, de destruirse unos a otros cuales animales para destacar, sin importar a quién influyan sus actos, una sociedad donde la egocentría es la razón de su mísera existencia.
Vivo entre verdaderos animales, a los que solo les importa las apariencias, sin darse cuanta de su putrefacto interior, el que tapan con una gruesa capa de falsedad. Vivo en un lugar cuyas personas con un bondadoso interior son simple asfalto que la gente pisotea y escupe hasta conseguir reducirlas, hacerlas sentir como seres inferiores.
Harta de escuchar lo mismo una y otra vez, de tener que seguir patrones para ser aceptada en la sociedad cruel, sin escrúpulos enamorada de su propio reflejo que no es más que propia invención suya.
Encerrada entre mis propios criterios, apartada de toda esa gente que quiere ser algo por los demás y no por ella misma... realmente prefiero ser la Sra. Nadie. Una señora solitaria, de corazón protegido contra el dolor por miedo a que finalmente la superficialidad domine los sentimientos.
El amor ya no existe, es solo una mecánica del cerebro regida por lo bella que aparente ser una persona, donde las palabras son vacías, escasas, donde el sexo es lo único que los llena, demostrando así de nuevo como nos estamos convirtiendo es simples animales de mente y corazón vacío.
La amistad tampoco es lo que era, la gente se manipula, se van cambiando aspectos de otras personas para complacer nuestras necesidades, robándoles la personalidad y convirtiéndolas en simples juguetes que acaban tirando por esa monotonía que ellos mismos les implantaron.
Sonrisas falsas que recibimos diariamente y al descubrir su verdadero significado se clavan en lo más profundo de nuestro ser, rompiéndonos completamente e impidiéndonos levantarnos, atándonos al dolor de la más horrible de las maneras...
Espero que la gente verdadera siga existiendo, que resista a la presión, que no se deje sucumbir por sus imperfectas ''vidas perfectas'', recuerda que no son más que mentiras y falsedades, ten cuidado, no seas uno más de ellos.

lunes, 29 de agosto de 2011

Demasiadas promesas que volaron y se quemaron con la lluvia ácida.


Ya  nada me retiene aquí, nada me impide irme de lo que una vez fue mi hogar, donde cultivé mis más gratos recuerdos, donde sembré cada gota de felicidad para luego recogerla en tiempos de necesidad, donde día a día labraba un gran campo de sentimientos que afloraban al comienzo de la primavera. Hasta que llegó un turbulento invierno, la espesura de la niebla y el gélido aire devastó todo lo que guardaba en mi corazón, todo lo que verdaderamente importaba, arrancando de mis entrañas cada pequeña pieza necesaria, dejándome completamente vacío, como si de un espantapájaros fuera.
Desde entonces todo es diferente. Me limito a mirar la lluvia desde una ventana, mientras las ramas de los árboles se mueven precipitadamente por culpa del tormentoso viento arrancando de ellos todas y cada una de las hojas que en ellas se hayaran, dejándolo sin el mínimo ápice de vida; empecé soñar despierto imaginando el fin de esta soledad, pero no recordaba lo que era sentir una mano cálida sosteniendo la tuya para que no te perdieras por los oscuros caminos, extraño las sonrisas que tanto me gustaba que esbozaras...
Las mentiras se convirtieron en una rutina de la que era preso día a día, recuerdo tantas promesas por las que me até a la gente, tanto daño que me hicieron al dejarlas volar, llevándose con ellas mis más inocentes ilusiones. Dejé mi corazón abierto, esperando a que alguien entrara y me ayudara a recuperar todo lo que una vez perdí.
Desconfiar es la mayor de mis aficiones, no querer es lo que me mantiene aún en pie, el cariño y la amistad no son más que simples apariencias.
Hoy me despido de todos, de todas las espinas que me hicieron daño al acercarme a ellas y a esa delicada rosa que espero que algún día crezca en este marchito corazón.

viernes, 12 de agosto de 2011

La mariposa de alas cautivas.


Intento comprender el por qué de cada día, el transcurso lento y monótono del tiempo, la inestabilidad de los sentimientos, las frágiles promesas... la sensatez y la cordura que intento encontrar en mi camino ha desaparecido en un intento de huir de la cruel realidad. Siento como si nada fuese ya esencial para mí, no encuentro nada por lo que querer seguir adelante, nada que me impida quedarme estancada atrás.
Y las mariposas ya se han ido, querían escapar de este campo muerto en el que nadie ha querido permanecer; un campo negro, devastado por el dolor, corroído por la ira y finalmente devorado por la agonía, en el ambiente aún se percibe débilmente el fuerte olor a soledad. Pero una de ellas, la más inocente y sencilla, se ha quedado atrapada, tiene las alas atadas a los recuerdos, al amor que poco a poco la vacía por dentro, que la corroe por fuera; se queda inmóvil, viendo arder sus alas, viendo cómo en un instante su libertad no es más que un puñado de cenizas de las que ya no queda nada, al igual que sus esperanzas de escapar de allí algún día.
Abro los ojos y busco entre el estéril suelo tu olor, tus caricias,tus palabras, sigo buscando todo aquello que un día me regalaste, quiero cogerlo, sostenerlo en mis manos y agarrarlo fuerte, muy fuerte hasta que todo esto pase, procuraré no mojarlo por culpa de las lágrimas.
A estas alturas he abrazado tantas veces la traición que se me hace rutinario caminar con ella, agarrada a mi espalda, haciendo que el peso sobre mis hombros sean aún mayor, dejándome sin aliento a cada paso, arrebatándome cada suspiro, borrando de mi cara cualquier indicio de felicidad.
Y saborear de nuevo la decepción, un plato común, pero del que estoy cansada de tragar, cansada de condimentarlo con mentiras y falsas esperanzas que yo misma he creado en este mundo.
Aquí no es todo de color negro, que va, sería más fácil si lo fuera, de esa manera, podría ignorar lo que ocurre a mi alrededor, cerrar los ojos y desear que todo esto no sea más que una pesadilla, un mal sueño del que pronto despertaré. Aquí las cosas se suelen de tintar de color amarillo, un color enfermo, podrido, mustio como los corazones abandonados; el color morado que tiñe los fuertes impactos que tienen las palabras y los actos frente a nuestros sentimientos, frente a lo que un día fue nuestra razón de existir; el color azul no seduce con su profundidad, nos arrastra hasta él y luego nos retiene, como si de entre barrotes se tratase, ahogándonos en nuestros mayores miedos, sin dejarnos opción a escapar.
Esta mariposa por fin reposa en el suelo, al fin descansará de la monotonía de los días, dejando atrás el dolor, recuperando por fin las alas que un día perdió, volando libre a un final de cuento, aunque por desgracia, este final sea fruto de sus últimas deliraciones antes del último aleteo de vida.
Nunca podré aclarar esto que siento, más bien, que sentía... es el inconveniente de la muerte, acaba conjugando todos los verbos en pasados.

lunes, 8 de agosto de 2011

Cuando te atrape, no intentes escapar.


Hoy te cogeré de la mano más fuerte que nunca, no quiero que te cueles por la comisura de mis labios, aún no.
Sígueme, te llevaré más lejos de lo que la vista puede alcanzar; reposaremos nuestros cuerpos con delicadeza entre las esponjosas nubes y te cubriré con un manto de estrellas que yo misma tejeré, sí, vale, quizás exagere... quizás solo estemos en la azotea de tu casa, tirados encima del suave algodón y tapados con una vieja manta a la que ambos le tenemos cariño, quizás todo lo que deseamos pueda hacerse realidad, pero de una manera distinta.
Hoy nos encerraremos dentro de un tarro lleno de tus más dulces deseos, al fin los saborearemos, sentiremos ese calor recorriendo nuestros cuerpo, haciendo así explotar el tarro que nos retiene en su cautiverio, y que este quede reducido a pequeños pedazos de cristal dejándonos al fin libres, libres para vivir nuestra pasión. Quizás vuela a exagerar, quizás solo estemos cubiertos completamente de nata, bebiendo lo poco que apenas queda de nuestra botella de Vodka de caramelo y quizás, sea tal nuestra excitación que nos hayamos liberados de toda esta ropa que nos tiene presos el uno de otro.
Te llevaré a un lugar al que nunca te atreviste a ir, la oscuridad siempre fue tu punto débil, pero estaré contigo, no te preocupes; aunque esté lleno de neblina, siempre podremos soplar hasta que por fin se aparte del camino que estamos emprendiendo, te llevaré al País de las Maravillas. Yo seré tu Alicia y tú el dulce sombrerero, viviremos nuestra loca historia de amor que quedará enterrada bajo las rosas blancas teñidas de rojo; acogeremos en nuestro viaje al gato de Chemishire, tan extravagante y curioso, y al conejo blanco también... ''Es la hora, es la hora'' dice él, hagámosle caso, es la hora de que escriba letra por letra por todo tu cuerpo cuanto te necesito, cuánto te quiero, cuánto significas para mí. Vale, lo he vuelto a hacer, quizás solo estemos encerrados en tu habitación, confusos entre el humo de los cigarros de vainilla, jugando entre sábanas y almohadas; viendo cómo tu gato, gris con dos grandes perlas azules de ojos avanza con su elegancia hasta tus pies y, finalmente, un reloj antiguo que suena siempre al mismo compás, anunciando que ya es media noche o un poco más tarde quizás, marcando el comienzo de un nuevo día, en el cual seguimos  juntos, deseando emprender mil aventuras más, hasta donde la imaginación nunca ha llegado, hasta el infinito y más allá.
Porque recuerda que ahora que te he atrapado, no pienso soltarte, hazte a la idea.